domingo, 11 de marzo de 2012

En el subsuelo

Lo que había transcurrido como un día normal, un día más, empezó a tomar un color diferente...

Volvía de la facultad con la mirada pérdida, metida de lleno en mis pensamientos absurdos, la gente como siempre entraba y salía del vagón. Madrid, siempre con sus idas y venidas, y yo siempre con mi indiferencia frente a la gente que comparte conmigo el trayecto de vuelta.

Pi, pi, pi...  Las puertas apunto de cerrarse, y como si de una cutre-pelicula de Hollywood se tratara, aparece ella,  como un rayo para colarse de un salto en el mismo vagón. Vuelvo de golpe y aparco mis pensamientos, quedándome ensimismada. Es preciosa, su media melena oscura, con esos ojazos marrones que tienen esa profundidad, y a su alrededor, a modo de aura, un misterio que intriga, que atrae.
No puedo parar de mirarla, maldisimulando, como si el resto hubiese dejado de existir, como si fuésemos solas; de repente nuestras miradas se cruzan, y la mía nerviosa se desvía.
Ella sigue mirándome, lo noto, lo siento tan penetrante... Es una sensación extraña, una sensación adictiva.
Una parada más y el hombre mayor que iba a mi lado baja en esta parada, ella despacio avanza para sentarse. 
Se sienta pegadita a mi, y yo como si me hubiera enamorado en el momento me pongo nerviosa, me cosquillea la barriga, como si el tiempo empezarse a ir más y más lento. 
Me quedo paralizada, intentando no moverme, para no molestarla; pero sin más nuestras manos terminan por rozarse, entonces me mira y me sonríe:

-Perdóname, es que es tan estrecho, que es casi imposible, espero no haberte molestado- me dice ella con ese tono tan... tan....
Y yo que me quedo atontadita, sólo se me ocurre sonreirle mientras la digo: - tranquila, tranquila, como vas a molestarme?.
¿Cómo vas a molestarme? Pero, ¿Qué clase de estupidez es esa? se queda pensando mi cabecita.
El trayecto sigue así, desviando miradas y quietud en mi cuerpo. Cuando se levanta para irse mi yo interno siente la necesidad de no perderle entre la multitud de esta ciudad y probablemente no volverla a ver, pero se queda inmovil una vez más, y  cual es mi sorpresa cuando justo antes de bajar me dice:
-Pensaras que soy estúpida, pero no conozco mucho Madrid y me encantaría que me enseñaras tus rincones favoritos-.
No podía estar pasándome eso...  
-Claro, cuando quieras nos vemos y te llevo a patear Madrid-.
Intercambiamos números de movil y 15 segundos después desaparece.



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